sábado, 14 de abril de 2012

ARTICULO II. PERIODO DEL MIDDLE ENGLISH: ‘THE CANTERBURY TALES’



ARTICULO II

PERIODO DEL MIDDLE ENGLISH:

‘THE CANTERBURY TALES’



‘Brut Layamon’

‘Ancrene Riwle’

‘I sind of a miden’

‘Owl & the nightingale’

‘Piers Plowman’

‘Sir Gawain & the green knight’

‘Pearl’

‘Patience’

‘History of the kings of Britain’



            Se toma como punto de referencia la invasión normanda de Guillermo el conquistador.



            El primer poema importante de este periodo data de 1205, Brut Layamon, poema escrito en forma aliterativa (Old English), lo que indica que este tipo de medida seguía utilizándose al menos en poesía oral y lo corrobora el “revival” que de ella se produjo en el SXIV con Sir Gawain & the green knight.



            Brut Layamon es interesante porque representa la aparición de la literatura artística en lengua inglesa que tantos seguidores tendrá después. Layamons se basó en fuentes normandas que se basaban en la obra de Geoffrey, History of the kings of England, escrita en latín.



            Según una vieja tradición, Inglaterra había sido fundada por Brutus, descendiente de Eneas, fundador de Roma. De Brutus viene Britania. El más célebre de sus descendientes fue Arturo, que según la leyenda liberó a Britania del yugo romano y le defendió de los anglosajones.



            Curiosamente, esta leyenda no sólo tendrá muchos seguidores en Inglaterra, sino que adquirirá su máximo desarrollo en Francia.



            Pese a que los creadores de la saga arturiana siguen en principio un sistema parecido al del autor de Beowulf, es decir, parten de un material legendario al que otorgan un valor histórico, sin embargo, se apartan de este último en que ya no utilizan el modo épico, sino que se adentran en el terreno del ROMANCE.



           



El romance se distingue de la épica por una serie de rasgos inconfundibles:



- Generalmente trata sobre aventuras caballerescas en los que abundan los combates y se entretejen diversas historias.



            - A menudo se hace un uso del elemento fantástico o sobrenatural.



- Se sirve de caracteres arquetípicos y estilizados por lo que resultan fácilmente traspasables de una historia a otra.



            - Utiliza un estilo coloquial, fácil de asimilar y exento de reiteraciones.



El gran periodo del romance medieval pertenece a los siglos XII y XIII, siendo cultivado principalmente por la sociedad aristocrática francesa donde poetas, como Chrétien de Troyes, alcanzaron la cima de este género. Su adaptación a Inglaterra procede de la segunda mitad del SXIII, dentro de una escala de valores ampliamente popular, alejada del ideal aristocrático francés, lo que dio lugar a un género muy inferior del que sólo se salvan el autor de Sir Gawain & the green knight y Chaucer.



Pero la mayor parte de la literatura de este periodo pertenece al ámbito religioso debido a que es la iglesia quien imprimía la pauta cultural en ese momento[1]. Pese a todo, la calidad literaria de esta producción es escasa por lo que sólo merecen destacarse tres obras, Ancrene Riwle, I sind of a Haiden y Owl & the nightingale por su tratamiento humorístico que preludia ya a Chaucer.





1360-1400.



            Durante este último periodo, la literatura del Middle English floreció por medio de tres grandes poetas que realizarán sus obras de forma casi simultánea y dieron expresión artística a casi todos los géneros que prevalecían en aquel periodo.



            El autor de Sir Gawain & the green knight no sólo escribió el mejor romance del periodo, sino también lo mejor de su poesía religiosa escrita en forma aliterativa.



            Patience relata la historia de Jones & Pearl combina la energía con la teología para alcanzar un profundo sentimiento religioso.



            Otro gran autor es W. Langland, cuyo Piers Plowman resulta esencial tanto por su calidad literaria como por su contenido social de inapreciable valor para los historiadores. La sátira eclesiástica que contiene la obra convierte a su autor en profeta de la reforma.



            El mayor logro literario fue Chaucer con Canterbury tales. De él puede decirse que, pese a hundir su raíz literaria en suelo medieval y dominar un buen número de los géneros al uso en este periodo, su maestría y su clarividencia le llevan a traspasar los líderes de su época, colocándole entre los dos o tres mejores poetas en lengua inglesa.





GEOFFREY CHAUCER.



            Nació en Londres en una familia burguesa. Su padre era un próspero comerciante en vinos y la posición social de éste, le permitió ingresar como paje de Isabel, condesa de Ulster y esposa del tercer hijo de Eduardo III.



            Es probable que en la Corte aprendiese latín. Durante toda su vida mantuvo una estrecha relación con la nobleza más poderosa, lo que le repartiría constantes beneficios. Su más importante protector sería Juan de Gande, pero también lo sería el sobrino de éste, que ascendería al trono como Ricardo II en 1377 y, finalmente, también le protegió el hijo de Juan de Gande, que sería proclamado rey en 1399 como Enrique IV.



            Los datos que tenemos sobre su ajetreada vida dan cuenta de una imponente actividad tanto en diplomacia como en la administración, por lo que resulta difícil imaginar que aún tuviera tiempo para componer versos. Parece que entre 1360-65, estudió leyes y en un documento de esta época aparece multado por apalear a un fraile, lo que cuadra perfectamente con la descripción que más tarde haría del personaje del fraile en sus cuentos.



            En 1366 aparece en misión diplomática, hay un salvoconducto firmado por el rey de Navarra (Carlos II) que lleva su nombre, pero antes, en 1359, habían combatido en Francia junto a Eduardo III siendo hecho prisionero y luego liberado mediante un rescate. También viajó a Francia e Italia en misiones diplomáticas.



            En 1367, el rey Eduardo, agradecido por sus servicios le otorgó una sustanciosa pensión vitalicia (20 marcos). En 1369 participó junto al Duque de Lancaster, Juan de Gande, en una incursión por tierras francesas. Durante la campaña, Blanca, esposa del duque, murió de peste. A ella le dedicó Chaucer una elegía, Book of the Duches, que es su primera obra importante.



Se trata de un original poema escrito en verso octosilábico y basado en buena medida en Jean Froissart (poeta francés). La INFLUENCIA FRANCESA es importante en su obra porque no hay que olvidar que entre sus primeros trabajos literarios se encuentra también una traducción del poema Romen de la Rose (Guillermo de Lottis y Jean Meun, SXIII). Es un poema que consta de gran variedad de elementos, característica que Chaucer asimilará para su poesía.



Junto a la influencia francesa tenemos en igual importancia la INFLUENCIA LATINA. Junto a poetas como Virgilio y algunos medievales latinos de menor importancia, destaca, sobre todo, la figura de Boecio (SVI, Roma), de cuya obra fundamental, pieza clave del pensamiento estoico en el Oeste, La consolación de la filosofía, también realizaría Chaucer una traducción al inglés siguiendo los pasos del rey Alfredo.



Es evidente que la filosofía de Boecio marcó de modo rotundo la postura existencial que Chaucer mantuvo siempre: por un lado, involucrarse en los asuntos del mundo y, por otro, mantener respecto de estos asuntos una postura de total desapego, fórmula que, en el caso de Chaucer, lleva a la ironía y al humor sano que es lo que se refleja en su obra.



Otro elemento esencial en su obra es su viaje a Italia en 1372. Allí recibió otra influencia no decisiva: Dante, Petrarca y Bocaccio. Uno de sus poemas más humorísticos es House of fame (1372). Puede tomarse como una imitación ligera de La divina comedia, si bien no del todo lograda. De Petrarca, pese a profesarle una gran admiración, no recibe mucha influencia. Fue Bocaccio quien aportó a su obra una influencia decisiva. Muchos de los cuentos están en deuda con sus obras, así como la visión crítica y un tanto idealizada del amor que Chaucer presenta en The Parliament of Fowls (1380).



Su largo poema Troilus & Criseida (1385) es una adaptación de El filostrato de Bocaccio, aunque Chaucer efectuó cambios en el argumento, principalmente, la introducción de un trasfondo psicológico, un diálogo dramático por el vigoroso bosquejo de los personajes y la trascendencia moral de las decisiones que toma. Es sin duda la obra de Chaucer más perfectamente acabada y sus cinco libros sugieren ya la estructura en cinco actos del drama isabelino.



Para unos críticos es la primera novela de la literatura inglesa por el refinamiento en la descripción de los personajes. Otros han catalogado esa obra de romance caballeresco de alegoría filosófica e, incluso, cristiana.



En The legend of good women Chaucer usa por primera vez un conjunto de relatos, con lo que es un claro precedente de Canterbury tales. Tras la etapa italiana, el enriquecimiento progresivo del bagaje cultural de Chaucer como poeta le capacitará para acometer su obra cumbre. Poco a poco, se irá liberando del pasado y del convencionalismo francés y, del mismo modo que Dante en su Divina comedia, poblará sus obras con personajes contemporáneos. Como el Decamerón de Bocaccio, las narraciones serán reales a excepción del cuento del caballero.



De los campos sofisticados y floridos pasará a los caminos polvorientos, del amaneramiento francés al realismo italiano, de la mitología a la peregrinación, de la magia a la ciencia y de la ficción a un desbordante vitalismo. Todas estas características se condensan en Canterbury tales, así como en una serie de cuentos menores, en algunas obras de astrología (El tratado del astrolabio).





‘CANTERBURY TALES’



Debe tenerse en cuenta que el firmamento era, al igual que en la antigüedad, el reloj del medievo, de aquí que en Canterbury tales, la influencia de la astronomía y la astrología esté siempre presente. Así vemos cómo el doctor en medicina fundamenta sus conocimientos en la astronomía, o la conjunción de los planetas determina a veces la mala suerte de los personajes, o los devaneos amorosos de la comadre de Bath encajan perfectamente con su horóscopo.



Pese a todo, esto no quiere decir que los personajes de Chaucer estén privados de libertad, sino que siguiendo a Boecio, se sugiere que las estrellas condicionan la situación favorable o no de los personajes.



Todos estos conocimientos científicos y filosóficos están al servicio del quehacer poético, por lo que, en cierto modo, Chaucer prefigura al “Homo Universalis” del Renacimiento: diplomático, administrador, científico y artista. Los cuentos son el escenario de su plena manifestación. Debe decirse también que el montaje escénico de los cuentos es típicamente medieval. Todos los narradores forman parte de un grupo de peregrinos que se dirigen a visitar la tumba de Santo Tomás Beckett[2].



En época de Chaucer, la popularidad de Canterbury por su ubicación y proximidad competía con Santiago, Roma y Jerusalén. Sus peregrinos acudían a la tumba de Tomás de Canterbury en busca de curación tal y como explica Chaucer en el prólogo, otros iban a agradecerle una curación. Aunque esto no quede reflejado en los cuentos, los peregrinos de Canterbury, además de sortear baches y badear arroyos. debieron lidiar con un enjambre de mendigos, vividores, charlatanes, embaucadores, prostitutas y otros curiosos.



Podemos considerar la posada del Tabardo, que es el punto de partida de la peregrinación, como el prototipo de su género. Al caer la tarde llegaban allí los viajeros hambrientos y sudorosos, por lo que resultaban fáciles de conformar. Una abundante comida regada con cerveza precedía al descanso y los preservaba de ratas y cucarachas. El mismo Chaucer condena la proverbial codicia de los mesoneros en el cuento del párroco.



La problemática que presenta la edición de los cuentos se deriva de que se trata de una obra inacabable, es decir, que el manuscrito final y definitivo no existe, ni probablemente haya existido nunca. La popularidad de Chaucer hizo que los cuentos se copiaran con profusión. Hoy se conservan 90 manuscritos en forma más o menos fragmentada. Los dos manuscritos más acreditados son el ELLESMEND y el HENGURT, ambos copiados entre 1400-1410, es decir, en el primer decenio después de su muerte. La primera evidencia es que Canterbury tales es una obra inconclusa en la que abundan los cabos sueltos, está sin redondear.

En el prólogo general el anfitrión propone que cada peregrino cuente 4 cuentos (dos a la ida y dos a la vuelta). A mitad de la narración en el epílogo del escudero, los cuatro se han reducido a dos, y en el cuento del párroco el anfitrión le comenta que todos excepto él han narrado su cuento, lo cual no es cierto porque de los 33 personajes, sólo 23 tienen su cuento y no todos ellos completos.



Cuatro cuentos quedan interrumpidos: el del escudero, el del cocinero, el de Sir Thopes y el del monje. También abundan las desconexiones, por ejemplo, el marinero habla de sí mismo como una mujer, la segunda monja se autotitula “indigno hijo de Eva”, el magistrado dice que va a contar algo en prosa, pero luego usa la rima, etc. Puede decirse, pues, que Canterbury tales presenta todos los detalles de una obra polifacética carente de una revisión final.



Sin embargo, hay unas ideas básicas que dan cohesión a la obra: que se trata de una colección de cuentos puestos en boca de unos narradores plenamente diseñados en el prólogo general y con un trasfondo viajero, etc. El encuadrar un conjunto de narraciones en el marco de una situación concreta es un truco literario muy antiguo y, sobre todo, empleado en la literatura oriental (Las mil y una noches) y en la occidental (La metamorfosis, Ovidio, que incluye narraciones dentro de narraciones)



En los cuentos los narradores están presentes de forma permanente, no sólo en el prólogo general, sino también a lo largo de la obra en los enlaces entre cuento y cuento. Estos enlaces no sólo sirven para unir las diferentes historias, sino que contribuyen a dar un tono unitario a la obra, a pesar de su gran diversidad.



Actúan, por tanto, al modo de complementos y extrapolaciones del prólogo general y así vemos cómo el administrador se pelea con el molinero borracho, el fraile con el alguacil o el anfitrión bromea con Chaucer y el monje, o el caballero apacigua la discusión entre el bulero y el anfitrión. En resumen, los enlaces dan una pincelada final al retrato de los personajes y son la caja de resonancia de los diferentes cuentos.



Personajes:



            El número de peregrinos ha planteado problemas. En el prólogo general se mencionan 30 y el autor de la obra, escrito en forma autobiográfica. Pero debemos contar también al posadero (32). Al final, en la sección octava, dos nuevos personajes se incorporan a la expedición: el canónico y su criada, aunque luego el primero huye ante la posibilidad de ser descubierto como timador y farsante. El número total es 33 o 34 si se cuenta al fugitivo. No todos los personajes están descritos en el prólogo general porque Chaucer se limita a decir: “también iban...”



            En primer lugar tenemos a los 5 gremiales que son el mercero, el tejedor, el tintero, el tapicero y el carpintero. También se limita a nombrar a la segunda monja y a los tres sacerdotes que van con ella. Además falta la autodescripción del autor.

            Si al total de los personajes del prólogo general, le restas estos 10, quedan 22 personajes descritos, pero mas adelante, ya fuera del prólogo, Chaucer facilita 4 nuevas descripciones: la del capellán de monjas, la del canónigo y su criado y la suya propia. Esto totaliza 26 descripciones.



            Por otra parte, no todos los peregrinos tienen su propio cuento. Carecen de él los cinco gremiales, dos de los tres capellanes de monjas, el asistente del caballero y del escudero, el labrador y el anfitrión, es decir, 10 carecen de cuento. Restando estos 10 del número total de peregrinos, salen 23 cuentos, pero Chaucer cuenta dos, así que tenemos un total de 24 cuentos.




Resumen:
33 peregrinos.
26 descripciones.
24 cuentos.




            Este grupo de 32 viajeros, ya que el 33 se incorpora al final de la narración, se pone en manos  de Harry Baley, posadero del Tabardo, que quizá ve así cumplidos sus anhelos de mando, pues en su casa la que manda es su mujer.



            El será el encargado de hacer entrar en escena a los diferentes personajes al tiempo que se erige en juez de cada historia. A veces de un modo partidista, capaz de inferir maldiciones si el cuento no le gusta o de cortar el relato del monje porque le aburre o de blasfemar enfervorizado ante la historia de Santa Claire y el zorro.



Así sus comentarios a los relatos, sus cortes, los diálogos con los demás narradores van tejiendo una urdimbre de vigor y verosimilitud que aportan una buena dosis de REALISMO a la obra.



Los personajes narradores de los diversos cuentos carecen, por lo general, de nombre propio. Sólo conocemos el nombre de 8 peregrinos: Oswaldo (administrador), Rogelio (cocinero), Harry Baley (anfitrión), Dom Piers (monje), Alicia (comadre de Bath), Eglantine (priora), Chaucer y Hosem John (capellán de monjas).



            Parece que Chaucer estuviera más interesado en esbozar tipos estándar que personajes concretos, como si quisiera describirlos por su situación en la escala social, como si su status fuese lo más importante y no la personalidad del individuo.



            La descripción de los narradores en el prólogo general va precedida por unos célebres versos que encuadran temporalmente la acción: “En el mes de abril ...”







Descripción de los personajes:



            CABALLERO:



Es el personaje más convencional. Describe en primer lugar al peregrino de status social más alto: el caballero y su entorno, representado por el escudero y su asistente. Ha participado en las cruzadas y en diversos escenarios europeos y Chaucer lo describe con simpatía. Su ropa está manchada de orín de la armadura y está deseoso de ver al santo, rasgo piadoso que contrasta con la habitual imagen de ferocidad propia de los caballeros medievales.



Le acompaña un prometedor escudero, su hijo, joven vistoso y fresco como el mes de mayo que no sólo aspira a caballero, sino que es ya amante en acto. El trío se completa con el asistente, cuya principal característica es su arco y la flecha con plumas de pavo real.



Su relato es caballeresco, basado en la Teseida de Bocaccio. Por contra, el cuento de su hijo, aunque carece de conclusión, se mueve entre lo exótico, lo real y lo imaginario, con lo que muestra un gran ingenio y recibe las alabanzas del terrateniente.



            PRIORA:



Del orden caballeresco, Chaucer pasa al clero regular, representado por la priora, el monje y el fraile mendicante.



La priora es descrita con fina ironía, como si se tratase de una heroína moderna a medio camino entre lo ridículo y lo respetable. Su modo de comer, por ejemplo, refleja las normas para atraer a los hombres en el Romance de las rosas. Además, conoce el francés anglonormando y lleva un broche con el lema: “Amor vincit omnia”. Se llama Eglantine. Igual que el resto de los componentes del clero que asisten a la peregrinación, procura esquivar como puede las estrictas reglas monacales.



Su cuento consiste en un relato de un milagro de Nuestra Señora dentro de la corriente mariana del medievo.



            CAPELLÁN:



                        Es uno de los tres sacerdotes que acompañan a las monjas.



Su cuento es de los más célebres. Es una fábula con una personificación magistral de los protagonistas. La vanagloria de Santa Claire provoca su captura y ello da pie a que el narrador realice una serie de consideraciones ilustradas mediante cuentos en el cuento a modo de ejemplos.



            SEGUNDA MONJA:



Secretaria de la priora. Carece de descripción, pero si inferimos de su cuento al personaje (basado en la vida de Santa Cecilia) debía tratarse de un personaje femenino, delicado y piadoso que contrasta con la ambición de la priora.



            MONJE:



Tan mundano como la priora. Administra un convento. Presume de buen gourmet y prefiere la caza al estudio o al trabajo manual. Admite que encerrado en su convento se siente como pez fuera del agua, por lo que no evita los continuos viajes que su cargo de administrador le obliga.



Su relato carece de originalidad. Procede del Decasibus vilerum ilustrum de Bocaccio y nos cuenta la caída de antiguos y famosos personajes: Lucifer, Adán, Sansón, Julio Cesar, etc.



            FRAILE Y ALGUACIL:



El fraile es un recaudador para el Vaticano de primera influencia entre los poderosos de su distrito. Como monje mendicante, siempre lleva regalos para engatusar a los más jóvenes, además de una berborrea fácil y aduladora. Chaucer no oculta su falta de simpatía hacia este personaje.



La rivalidad entre el fraile y el alguacil se pone de manifiesto en los respectivos relatos. En el cuento del fraile, un alguacil es el símbolo de la avaricia y la maldad, sus malas artes y abusos le llevan a encomendar su alma al diablo y éste, finalmente, se lo lleva al infierno. La respuesta del alguacil no se hace esperar. En su cuento realiza una descripción magistral del demonio del infierno, al levantarle la cola, debajo de sus posaderas, aparece un enjambre de 20.000 frailes. Presenta a un fraile pesetero que se codea con un rico acaudalado. En su avaricia, el fraile pedigüeño, ante la recomendación del hacendado que está postrado en cama, le tantea la espalda y baja hasta las posaderas. Entonces el enfermo le suelta una ventosidad y le dice que es para que lo reparta entre los miembros de su convento.



La causa de la rivalidad entre el fraile y el alguacil hay que buscarla en un conflicto de intereses. Los frailes mendicantes dependían del Papa y los alguaciles también, pero de modo indirecto, como brazo recaudatorio del obispo y, con frecuencia, se disputaban el dinero de los contribuyentes.

            BULERO:



Es el compañero de viaje del alguacil. Asume toda la falsía de los de su profesión. Chaucer lo describe dos veces: una en el prólogo general y otra en el extenso prólogo de 130 versos que da paso a su cuento. Se nos presenta a un desvergonzado vendedor de indulgencias que se vanagloria de sus fechorías. Es más una caricatura que un personaje real.



Su cuento es uno de los más interesantes. Trata de tres jóvenes disolutos que planifican dar muerte a la Muerte, pero los tres son víctimas de su avaricia y se exterminan entre sí.



            ERUDITO:

                       

En contraposición al fraile, Chaucer incluye a dos clérigos de contornos plenamente idealizados. Uno es el erudito y el otro es el párroco. El erudito es un estudiante de Oxford cuyo rostro pálido y delgado es símbolo de que es un hombre de saber. Poseía una biblioteca de 20 volúmenes y estudiaba lógica.



Su cuento, inspirado en Bocaccio, versa sobre la paciencia y la fidelidad conyugal de la humilde Criseida, que ha contraído nupcias con el Señor del lugar.



            PÁRROCO:



El párroco es el verdadero modelo de perfección y devoción, capaz de predicar de palabra y de ejemplo. Hasta tal punto llegan sus cualidades, que el anfitrión sospecha que es un seguidor de Wycliffe[3]. Pero no es ningún extremista, no se dedica a fustigar a la Iglesia por sus vicios, sino que se dedica a predicar y a practicar la virtud.



Su cuento es un tratado sobre los siete pecados capitales. Es el más largo y el más aburrido. Sirve de colofón purificativo que toda la peregrinación escucha con referencia, pues es el último y están a punto de llegar a Canterbury.














[1] La mayoría de esos libros manuscritos salían de los monasterios.


[2] = El santo inglés más popular de la Edad Media.


[3] Chaucer hace una distinción en el estamento religioso: condena a los frailes y alaba a los párrocos.

ARTICULO I. LA LITERATURA ANGLOSAJONA: ‘BEOWULF’


ARTICULO I

LA LITERATURA ANGLOSAJONA:

‘BEOWULF’



‘Caedmon’s hymn’


‘Ecclesiastical history of the English people’

‘Anglosaxon chronicle’

‘Beowulf’

‘The dream of the rood’

‘The battle of Maldon’






PERIODO ANGLOSAJÓN.




            La invasión anglosajona comenzó en la primera mitad del SV, acompañada de extensos movimientos migratorios. Estos invasores se dividían en tres tribus: los anglos, los sajones y los yutos. Por su común ascendencia germánica eran muy parecidas en cuanto a sus costumbres, ritos, etc y actuaban casi siempre como aliadas. También utilizaban una lengua común con ligeras variantes dialectales entre una y otra tribu.



            Por otro lado, su organización respondía a un modelo germánico de extensas unidades familiares (clanes) en donde el cabeza de familia se erigía en jefe o rey, formando así una entidad independiente. Con el tiempo, esta unidad social se hizo más amplia al estar compuesta por varias familias fusionadas bajo la tutela de un solo rey.



            Durante mucho tiempo después de la conquista, las IIBB estuvieron divididas en muchos pequeños reinos que surgían y desaparecían en un breve periodo de tiempo, por lo que puede decirse que las IIBB no tuvieron uniformidad política coherente hasta la llegada de Guillermo el conquistador.



            Este tipo de organización, basada en la guerra, generó un ideal de conducta centrado en las virtudes del guerrero o del propio rey, lo que influyó de modo determinante en la literatura.



            En literatura predomina lo que vamos a llamar el IDEAL HEROICO. En un principio este modelo sólo se aplicaba a reyes y servía para que los vasallos lo imitasen. El rey era el guía activo de un pequeño grupo de guerreros, de los que demandaba una lealtad absoluta. A cambio, el rey se mostraba generoso a la hora de repartir el botín.



            Esta generosidad real era uno de los aspectos más importantes de la conducta heroica, pues simbolizaba la excelencia del gobierno del monarca. El ideal heroico quedará reflejado en la literatura de este periodo, constituyendo uno de los rasgos predominantes por varias razones:



- El ideal heroico, a corto plazo, servía para asegurar la victoria del rey en el sentido pragmático, pero también posibilitaba, a largo plazo, que el monarca fuera acrecentando su fama.



            Debemos tener en cuenta que en estas culturas en las que todavía no se ha fraguado una doctrina sobre la vida en el más allá (como el cristianismo), la fama era la única vía de acceso a la inmortalidad y, de aquí, su extrema importancia.



- Una muerte heroica aseguraba la inmortalidad para el rey. Sin embargo, el vehículo de esta fama no era otro, sino el poeta que con mayor o menor acierto, según sus datos, fuera capaz de contar las hazañas guerreras para la posteridad. De aquí que el bardo o poeta, desde los tiempos más remotos, fuera considerado como un miembro destacado de la corte.



            La forma poética usada por el poeta primitivo es la ÉPICA, caracterizada por la solemnidad del tono y el estilo elevado. Prácticamente todas las culturas se nutren de un gran poema épico transmitido casi siempre de forma oral, siendo aquellos que fueron llevados a la escritura los que han sobrevivido, por ejemplo, La Odisea (Grecia), La Eneida (Italia), La canción de Roland (Francia) y Mío Cid (España).



            De la cultura germánica el principal superviviente el Beowulf.





ELEMENTO CRISTIANO EN LA CULTURA ANGLOSAJONA.



            La aparición de textos escritos en lengua sajona corre en paralelo a su conversión al cristianismo. Los celtas, a los que habían invadido, eran cristianos igual que los romanos, que se hallaban en la isla desde el SI, y cuya retirada a mediados del SV permitió la invasión anglosajona. Tras ella, se alza un periodo de unos 150 años en los que el cristianismo se refugió en pequeños grupos aislados a los que los anglosajones no habían llegado.



            En 597, un monje benedictino, llamado San Agustín de Canterbury, es enviado a Kent por el Papa Gregorio para predicar en la corte del Rey Etelberto. Al mismo tiempo, algunos misioneros irlandeses comenzaron a predicar en el norte y, en tan sólo 75 años, la isla fue cristianizada, siendo el propio Rey Etelberto uno de los primeros conversos.



            En los siglos posteriores hasta la conquista romana, se produjo un gran número de importantes obras dentro de la esfera eclesiástica. Una de las primeras fue el venerable Bede, que escribió Ecclesiastical history of the English people (731) en latín. Esta obra sigue siendo hoy día, la fuente más importante de que se dispone para acceder a la cultura anglosajona.

            Otro hito importante de este periodo es el Rey Alfredo, que gobernó a los “West Saxons” y que durante un tiempo, logró unificar a los reinos del sur de Inglaterra. Alfredo era un entusiasta mecenas de la literatura y realizó varias traducciones del latín, siendo la más relevante La consolación de la filosofía, Boecio.



            También durante el reinado de Alfredo se tradujo del latín la obra de Bede al anglosajón. Se comenzó a escribir la Anglosaxon chronicle, consistente en un minucioso registro llevado a cabo año tras año de los principales acontecimientos acaecidos en Inglaterra. Esta costumbre se mantuvo hasta la mitad del SXII. Por último, fue el celo de Alfredo en cuestiones literarias lo que posibilitó la conservación de muchas obras anglosajonas antiguas, porque fueron vertidas al dialecto de West Saxon.





POESÍA DEL PERIODO ANGLOSAJÓN.



            Los anglosajones trajeron consigo no sólo la poesía épica, sino también la FORMA ALITERATIVA, en la que está escrita toda la poesía del periodo, basada en los acentos.



            Dado que no dejaron escritos antes del contacto con el cristianismo y, teniendo en cuenta que los ideales cristianos armonizaban poco con los anglosajones, resulta lógico que muy poco de la poesía que sobrevivió fuera precristiana.



            Sin embargo, Beowulf, la épica germánica más grande, contiene muchos de los materiales que, evidentemente, son precristianos, aún cuando el autor[1] del poema, en la forma en que nos ha llegado, era un cristiano que hacia referencias al Viejo Testamento.



            Con todo, la mayor parte de la poesía del periodo que nos ha llegado es cristiana y su tema religioso. Pero del mismo modo que los anglosajones aceptaron los ideales cristianos, tampoco olvidaron adaptar el cristianismo a su propio ideal heroico de suerte, que casi toda su poesía está escrita al modo heroico.



            The dream of the Rood, poema religioso, habla de Cristo como un joven héroe cuyos padecimientos son calificados de heroicos. No se sabe quién ni cuándo se escribió la obra, tan sólo que apareció en un manuscrito en “Old English” en el norte de Italia a finales del SX. Se sabe que la obra antecede al manuscrito en tres siglos porque algunos pasajes fueron inscritos con alfabeto rúnico sobre una cruz de piedra a principios del SVIII y que todavía se conserva al sur de Escocia.



            En la obra de Bede, un monje que pasó su vida entre los monasterios de Northumbria, se encuentra una historia conocida como Caedmon’s Hymn, que puede decirse que es el poema más antiguo en “Old English” que nos ha llegado. En él se marra la historia de Caedmon, pastor analfabeto que trabajaba para un monasterio y que, de forma milagrosa, recibe el don de componer canciones, ingresando después en el monasterio hasta fundar en él una escuela de poesía cristiana.

            Por último, la prueba más evidente de que el ideal heroico pervivió hasta el final del periodo anglosajón, lo constituye el poema The battle of Maldom, en el que se describe en el más puro estilo del heroísmo germánico, la derrota sufrida por unos ingleses en manos de los vikingos. El suceso tuvo lugar en el 991 y se desconoce el nombre del autor.





‘BEOWULF’



            Sólo ha llegado una versión del poema en un manuscrito del British Museum. Es una copia realizada hacia el año 1000 en el dialecto del “West Saxon”. Recibió por primera vez el nombre de Beowulf en 1805 y fue impreso en 1815.



            Como otros poemas anglosajones, narra una historia dividida en numerosos episodios. Esta narración se compone de 3182 versos, que constituyen la décima parte de la totalidad del corpus de poesía anglosajona conservado, y lo convierten en el poema más extenso de este periodo.



Es posible que la forma bajo la que nos ha llegado proceda del SXIII. Su composición literaria se sitúa tradicionalmente en la de Northumbria de la época de Bede, que murió en el 735.



            La acción del poema nos hace retroceder al sur de Escandinavia durante los siglos V-VI. No contiene referencia alguna a las IIBB, sin embargo, como obra literaria completada se estima, generalmente, que es el producto relativamente sofisticado de una corte cristiana de Anglia. Es evidente que el poema tuvo un desarrollo oral desde tiempo muy atrás en esta zona del país antes de ser vertido a la escritura en la forma que hoy se conoce.



La historia que se narra es bastante sencilla. Versa en torno a un joven héroe, llamado Beowulf, que alcanza fama y gloria en un país extranjero. Su hazaña consiste primeramente en matar a Grendel, un monstruo sanguinario que asolaba los dominios del Rey Hrogarth. Posteriormente, también consigue matar a la madre de Grendel, otro ser monstruoso y tan peligroso como su hijo.



Ya viejo, tras haber gobernado a su pueblo durante 50 años, Beowulf vuelve a enfrentarse con un dragón que amenaza a su pueblo. Al final del combate, el héroe y el dragón caen muertos, con lo que el poema acaba con su funeral y una profecía de futuros desastres para su pueblo.



Al hilo de esta narración se intercalan breves episodios o historias de menor importancia y en los que aparecen otras tribus y reyes relacionados con el personaje central, con la interesante particularidad de ser conocidos por la historia, cosa que no puede decirse de Beowulf.



No es un poema fácil de leer debido a que el mundo descrito puede resultar extraño para un lector actual, dado que es un mundo germánico muy arcaico y alejado del mundo grecolatino. Así pues, no es accidental que la primera traducción a una lengua moderna la realizase un erudito danés en 1820. Posteriormente William Harris la tradujo al inglés en 1890. Tolkien realizó en 1936 una brillante conferencia en torno a Beowulf, que fijó para siempre el rumbo de los estudios críticos en torno al poema.



El ideal heroico se haya presente a lo largo de todo el poema. Beowulf es antes que nada un monumento al héroe, igual que el túmulo que al final del poema se erige en recuerdo del mismo. Puede decirse que el discurso que Beowulf dirige a su ayudante antes de morir rebosa amplitud épica y que el lamento, que en su honor le dedican todos sus fieles guerreros, ha de interpretarse como un sonido de fondo que preside todo el poema.



Lo que hace de Beowulf un típico poema heroico no sólo es su figura central, sino también el mundo que describe y los valores que priman en él: los guerreros siempre aparecen o festejando sus victorias o peleando en la batalla, por lo que son el ALBOROZO y la GLORIA los dos temas dominantes en el poema.



Nos habla de una sociedad heroica que podría situarse en lo que Hesiodo situaba en la Edad de los Héroes[2]. Es bastante simple: del rey o señor, tanto en la paz como en la guerra, se dice que es el pastor de su pueblo. Él es quien provee a su gente de comida, refugio, bebida, etc. Además, es quien otorga valiosos presentes en pago al valor y la lealtad. Puede decirse que hay una completa solidaridad entre el rey y su pueblo.



La mayoría de los relatos heroicos conocidos no se limitan a dar cuenta de las hazañas del héroe, sino que, a veces, el código heroico que rige la conducta de los guerreros se despliega en una complicada red de conflictos y lealtades difícil de  desenmarañar.



También se aprecia esto en Beowulf, especialmente en las historias que se entretejen alrededor de la central. Dichos episodios permiten situar la figura del héroe en un contexto mucho más amplio, dotando al poema no sólo de complejidad, sino de profundidad.



En una de estas historias se compara a Beowulf con Segismundo, otro héroe germánico aniquilador de dragones, y en otra se nos informa de una serie de conflictos entre los geatas y los suecos. Un suceso crucial es también la muerte de Hygel, rey de los geatas y señor de Beowulf, en manos de las tribus vikingas. Pero la propia historia de Beowulf no es menos agitada y pese a la magnitud de las hazañas del héroe, realizadas en tierras extrañas, vemos al final que es derrotado en su país.



Además del aspecto heroico y del carácter épico, el poema ofrece también una dimensión que podría calificarse de mítica. A finales del SXIX, muchos estudiosos vieron en Beowulf a un héroe solar, como Mitra o Apolo, y en Grendel a una personificación de las peligrosas aguas del Mar del Norte. Tolkien, por su parte, identificó a los monstruos del poema como  encarnaciones de la muerte y del mal.



Muchos crítico actuales se inclinan a pensar que Beowulf es un poema esencialmente cristiano, reduciéndolo así a una serie de episodios moralizantes. Esto no resulta muy adecuado.



Sin embargo, el punto de vista mítico se impone frente a otros porque, para empezar, resulta imposible ignorar los atributos sobrehumanos que posee el héroe: pasa días enteros bajo el agua cuando lucha con la madre de Grendel. Al único enemigo humano con quien se enfrenta lo despedaza con sus propias manos.



Por esto no hay razón para dudar del símil que la etimología de su propio nombre presenta. En realidad el nombre es un “kenning”[3]. Es un compuesto nominal en el que ninguna de las dos palabras e refiere directamente al objeto designado:

           

                                   Beo: Abeja.

                                   Wulf: Lobo.

                                   __________________

     Oso[4]: Animal que come miel y es fiero como un lobo.



            Incluso en algunos episodios pueden rastrearse ciertos rasgos de mago o chaman.



            Finalmente, los monstruos a los que se enfrenta se esconden en guaridas subterráneas o submarinas. También es capaz de luchar en plena noche en una región mítica del norte y también recibe la ayuda de los dioses. Todo esto hace que la explicación de Tolkien parezca la más acertada, lo que nos lleva, además, a considerar este significado mítico a la luz de la moderna antropología y psicología que pueden contribuir al esclarecimiento de una de las claves del poema que es la de hybris[5] del héroe.



            En la psicología de Yung, por ejemplo, se analizan las distintas etapas que el héroe atraviesa en su desarrollo, siendo dichas etapas una constante aplicable a la mitología de todas las culturas. Yung interpreta la figura del héroe como una analogía o imagen poética, un símbolo de la totalidad de la “psiche”. Por tanto, la función esencial del mito del héroe es desarrollar la conciencia del ego individual, lo que equivale a darse cuenta a un tiempo de la propia fuerza y debilidad, lo que le preparará para afrontar las arduas tareas de la vida. Por ello, en muchos casos, la muerte simbólica del héroe se convierte en el logro de la madurez psíquica.



            Partiendo de la antropología, Yung establece cuatro etapas o ciclos esenciales en el desarrollo del héroe y que se dan en todos los mitos de todas las culturas.



            1. Tritckter[6].



            2. Hare[7].



            3. Red Horn.



            4. Twins.



            El primero corresponde al periodo de vida más primitivo y menos desarrollado. El Tritckter tiene la mentalidad de un niño y carece de todo propósito más allá de la satisfacción de sus necesidades primarias. Por eso es cruel, cínico e insensible. Un ejemplo de esta etapa es el niño Hermes, que roba los rebaños de Apolo. Este rasgo no se presenta en Beowulf.



            El segundo corresponde a una etapa más madura. Hare es el Dios de la cultura y es un figura tan poderosa que en el caso de culturas indígenas terminó asociándose con la figura de Cristo en la que también se puede detectar este signo.



            El tercero es el héroe que se caracteriza por su fuerza sobrehumana. Suele enfrentarse a muchos monstruos y gigantes a los que vence por su astucia o fuerza. Este es el tipo que corresponde a Beowulf.



            Tanto en el ciclo tercero como en el cuarto aparece el tema del sacrificio o muerte del héroe como curación necesaria de su orgullo o vanidad (Hybris). Un ejemplo son Rómulo y Remo.









[1] = recopilador
[2] Entre el bronce y el hierro.
[3] = Metáfora germánica.
[4] = Animal totémico, no se le podía nombrar.
[5] = Orgullo, vanidad.
[6] = Granuja.
[7] = Liebre.